sábado, 19 de diciembre de 2009

La iglesia debe interceder contra la guerra del diablo a sus ministros




Por Dr. Rony Chavez

A finales del siglo pasado fui invitado como orador al Congreso Mundial del Dr. Morris Cerullo en los Estados Unidos. En una de las noches de la actividad, el Hno. Cerullo dio un anuncio profético que llamó poderosamente la atención del público asistente que acudía en gran cantidad a aquel prestigioso auditorio de California. Su mensaje profético nos sacudió a todos. El Espíritu Santo usó a Su siervo para marcarnos pautas y estrategias para el éxito de nuestros ministerios para el Nuevo Milenio que asomaba. Pero, en medio de las declaraciones positivas del Señor, recibimos también palabras preventivas para prepararnos contra los ataques de satanás. El Hno. Morris usó una frase interesante pero desafiante a la vez, que todos repetimos en voz alta: "Guerra contra la guerra del diablo". Con esta expresión, Dios introducía la próxima forma de operar del infierno y su líder lucifer contra los ministros de la Iglesia. Esto es lo que satán haría:

1.Levantaría un ala de murmuración y mentiras contra ministros reconocidos del Evangelio.

2.Levantaría una ola de calumnias y difamaciones contra los llamados "Tele-evangelistas" para tratar de destruir su imagen y credibilidad.

3.Tergiversaría sus enseñanzas y mentiría acerca de las mismas para que perdieran las gentes el deseo de escucharlos.
4.Haría trampas para hacer caer en descrédito a los hombres de Dios y a la Iglesia.

5.Levantaría una gran oposición contra los ministros más reconocidos en medio de la Iglesia; serían sus propios hermanos quienes provocarían una equivocada persecución.

6.Usaría diversos medios de comunicación secular y evangélica para frenar el crecimiento de ministerios de avanzada en el Reino de Dios.

El mensaje desató en la audiencia una preocupación sana, comentarios y sobre todo oración; mucha oración. De inmediato vino el consejo preventivo del Espíritu Santo para todos los ministros; ésto es lo que deberíamos hacer para contrarrestar el ataque satánico:

1.Lo primero desde luego, hacer la guerra a la guerra del diablo orando, intercediendo violentamente contra el infierno.

2. Ayunando para frenar el movimiento de espíritus demoníacos de engaño, calumnia, mentira, difamación y temor.

3.Trabajando sin temor; no permitiendo que las calumnias y medias verdades crearan un ambiente de pánico que detuviera nuestro accionar.

4.Enterar a la Iglesia de las estrategias del infierno contra los siervos de Dios y movilizarla a la oración y a la declaración profética en contra de las artimañas del diablo.

5.Uniéndonos más: ministros, iglesias y pueblo en general. No permitir el juego del demonio.

Casi diez años han pasado y aunque muchos de los asistentes de aquel Congreso del Dr. Cerullo hicimos pacto de cuidado y apoyo mutuo, otros lo olvidaron. No más entró en año 2000 y comenzó satán a bombardear a ministros e iglesias influyentes para calumniarlas, afectarlas en su crecimiento y restarles con mentiras, la credibilidad social necesaria para su expansión y éxito. La Iglesia, tristemente, en muchas partes de América no supo tratar con el asunto y fue influenciada mal por el diablo. Las mentiras, difamaciones y artimañas del demonio fueron creídas por muchos evangélicos, quienes torpe e inmaduramente las propagaron como verdad, creando un ambiente negativo para el desarrollo del Evangelio y del Reino.

Como un ministro itinerante por años, he visto el accionar de satán contra los ungidos de Dios en diversas ciudades tal y como se nos anunció por el Espíritu Santo. Mas, la Iglesia no tomó su parte del mensaje en un alto porcentaje, no oró, no ayunó, no se unió y no profetizó para sus ministros anulando los decretos demoníacos. Satán continúa asechando y causando opresión a congregaciones y pastores con plena libertad y ante la pasividad del Liderazgo cristiano. El está a sus anchas, calumniando y destruyendo la imagen de apreciados siervos de Dios para bloquear así su efectividad y el crecimiento de la Iglesia de Jesucristo.

Más de los mismo.....

No deberíamos asombrarnos hoy ante la estrategia mentirosa de lucifer; ésto ya estaba anunciado, él no se detendrá, está dolido por las derrotas que le han causado los ungidos de Jehová. El diablo traerá más de lo mismo; mentiras, calumnias y difamaciones. Con claridad podemos llamar a ésto, opresión y persecución. No debemos extrañarnos; más bien, debemos estar atentos y listos para cortar con sus mentiras y engaños. Hoy más que nunca, el Cuerpo de Cristo debe cerrar filas, el enemigo es sólo uno, el diablo. Debemos hoy agruparnos bajo una sola bandera, la de Cristo; y pelear espiritual y maduramente en un mismo Ejército, el de Jehová, contra el enemigo común de todos, satán. Siete cosas debemos hacer en los próximos años, me indica el Espíritu Santo. He aquí la lista de las mismas.

1. Convocar oración e intercesión vigorosa contra satán y sus huestes.
2. Levantar cadenas de ayuno y oración por la Iglesia y sus ministros.
3. Cubrir en oración a los hogares de los siervos de Dios y su labor para el Reino.
4. Confesar la Palabra sobre ellos y profetizar la victoria contra el mal.
5. Establecer decretos proféticos de crecimiento, expansión e influencia.
6. Adorar mucho al Padre para limpiar la atmósfera de la nación.
7. Quebrar los decretos y hechizos del maligno contra el Liderazgo Cristiano.

Así el diablo, también tendrá más de lo mismo para él; derrotas y más derrotas para el infierno. Amén.

Apóstol Dr. Rony Chaves
Avance Misionero Mundial

La cercania de nuestro Dios


Francis Frangipane
para: generaciondeelias.blogspot.com

En el Salmo 73, el salmista Asaf manifiesta una lucha que puede que todos experimentemos alguna vez. Él se pregunta porqué los impíos parecen prosperar mientras los justos son azotados. La idea le perturba hasta que entra al santuario de Dios. Una vez en la presencia de Dios, Asaf se da cuenta de su error. Al compararse a sí mismo con el incrédulo, ve que, separado de la influencia de Dios, no tiene nada de qué jactarse. Él dijo: "Cuando mi corazón se llenó de amargura, y en mi interior sentía punzadas, entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti" (vv. 21-22).

Finalmente, su alma se ilumina cuando considera que solamente Dios es su salvación, y su relación con Dios su fortaleza. Escribió: "Con todo, yo siempre estuve contigo; . . . Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. . . La roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre" (vv. 23-26).

El pensamiento que resume la revelación de Asaf, y tema de este capítulo, está en el versículo 28. Escribió: "Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien."

Establezcamos esta verdad de una vez por todas: Es la cercanía de Dios la que produce nuestro bien. El Cristianismo nunca fue diseñado por Dios para ser sostenido por gente agradable intentando parecer buena. No somos tan buenos. No somos tan inteligentes. Y no somos tan agradables. La única cosa que puede sostener al cristianismo verdadero es la unión verdadera con Jesucristo. Es la cercanía a Él en todas las cosas lo que produce nuestro fruto espiritual.

Si somos honestos, reconoceremos que, separados de la influencia y obra de Dios, no hay nada moralmente superior o notablemente virtuoso acerca de nuestras vidas. Nuestra carne tiene las mismas pasiones carnales que tienen las personas en el mundo; nuestra alma lleva en ella las mismas inseguridades y temores. Así, separados de la influencia de Cristo en nosotros, no hay diferencia entre cristianos y no cristianos (excepto que los cristianos, cuando viven separados de la presencia de Dios, pueden ser más desagradables). Es solamente nuestra relación con el Señor la que nos guarda de satisfacer las lujurias y deseos de la carne, porque separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).

Por tanto, la fortaleza de nuestro caminar no surge de nosotros mismos, sino que proviene de nuestra relación con Cristo. Nuestra virtud, si puede ser definida como tal, es que hemos aprendido a priorizar la búsqueda de Dios; nuestro carácter es el producto de nuestra unidad con Él. Con esto quiero decir que no solamente es Jesús el primero en nuestra lista de prioridades, sino que Su influencia gobierna sobre todas nuestras prioridades. Él inspira amor en nuestras relaciones; Su voz se vuelve la convicción en nuestra integridad. Dios hizo que "Cristo Jesús" sea para nosotros "sabiduría . . . y justicia y santificación , y redención" (1 Cor 1:30).

Así, el buscador de Dios desea encontrar el gozo del Señor atraído a cada aspecto de su alma. Él sabe también que, si un área de su corazón está aislada de Dios, permanecerá vulnerable a la manipulación del enemigo en esa área. Por tanto, permítame enfatizar la verdad del salmista, y digamos con nuestra propia voz de convicción: es la cercanía de nuestro Dios lo que es nuestro bien.

Oh Dios, Tú eres quien ama mi alma. Fielmente, Has extendido a mí Tus manos. Aun así, por momentos he estado distante y vagabundo. Maestro, reconozco este día, mis momentos más maravillosos son aquellos pasados cerca de Ti. Cuando mi corazón está cerca de Ti, estoy participando del néctar de la vida.



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