viernes, 1 de julio de 2011

"La Tienda del Encuentro"



"Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová" (Salmo 27:8)


Un tiempo para buscar a Dios


Hay ciertos tiempos cuando el Señor nos convoca desde la rutina de nuestras vidas diarias. Estas son estaciones especiales donde Su única orden es, "Busca mi rostro". Él tiene algo precioso y sumamente importante que darnos y el modelo familiar de nuestros devocionales diarios no lo puede proveer. Durante tiempos así, la gente es liberada de los pecados que los plagaron durante años, otros descubren una profundidad en su caminar con Dios que lleva a una efectividad mayor en el ministerio y la oración. Otros experimentan una apertura en sus familias y son usados por Dios para traer a sus amados al Reino.

Pero aún no estamos buscando a Dios por las cosas o incluso por otras personas. Estamos buscando a Dios por Él mismo. La madurez empieza cuando rompemos el ciclo de buscar sólo a Dios durante las penalidades. La santidad empieza desde el momento en que buscamos a Dios por quien es. Un toque de Dios es maravilloso, pero estamos persiguiendo más que una simple experiencia, más que toques y lágrimas casuales. Buscamos habitar con Cristo donde somos continuamente conscientes de Su plenitud dentro de nosotros y donde Su presencia mora en nosotros en la Gloria.

¿Cómo entramos en este lugar sagrado? Si estudiamos la vida de Moisés, veremos cómo buscó a Dios y vivió en comunión con Él.

"Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento" (Éxodo 33:7)

Note que dice "todos los que buscaban al Señor salían". Si vamos a buscar al Señor de verdad, debemos salir como lo hicieron Moisés y sus compañeros. Debemos tirar nuestra tienda a "una buena distancia del campamento". ¿Qué campamento es este? Para Moisés, así como para nosotros, es el"campamento de la familiaridad".


¿Hay algo inherentemente malo o pecaminoso con las cosas familiares? No en sí mismas, pero recordará que cuando Jesús les dijo a Sus discípulos que lo siguieran, los llamó a dejar el modelo familiar de sus vidas por largos períodos para estar a solas con Él (Mateo 19:27, Lucas 14:33). ¿Por qué? Porque sabía que los hombres, por naturaleza, son gobernados inconscientemente por lo familiar. Si Él nos va a expandir para recibir lo eterno, debe rescatarnos de las limitaciones de lo temporal.

Esto no quiere decir que debemos descuidar a nuestras familias o volvernos irresponsables cuando buscamos a Dios. No. Dios nos ha dado a todos bastante tiempo para buscarlo. Está allí. Habiendo hecho todas las cosas por amor a nuestras familias, simplemente le decimos, "No" a cualquier voz que no sea la de Dios. Debemos redimir el tiempo: cancele las aficiones, apague la televisión, guarde el periódico y las revistas. Aquellos que quieran encontrar a Dios, hallarán el tiempo.

La seguridad en la familiaridad


Tristemente, muchos cristianos no tienen ninguna meta más elevada, ninguna aspiración mayor que la de ser "normales". Sus deseos se limitan a medir a otros. ¡Sin una verdadera visión de Dios, pereceremos espiritualmente!

Pablo reprendió a la Iglesia en Corinto porque caminaron, "simplemente como hombres" (1 Corintios 3:3). Dios tiene más para nosotros que ser buenas personas, ¡quiere inundar nuestras vidas con el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos! Debemos entender: Dios no nos quiere solo como"normales", ¡quiere que seamos como Cristo!

Para que el Espíritu Santo facilite los propósitos de Dios en nuestras vidas, debe redefinir tanto nuestra definición de realidad como nuestras prioridades en la vida. Ser como Cristo debe ser nuestra única meta.


Para la mayoría de las personas, sin embargo, nuestro sentido de realidad y nuestra seguridad, a menudo está arraigado en lo familiar. ¡Cuán difícil es crecer espiritualmente si nuestra seguridad está basada en la estabilidad de las cosas externas! Nuestra seguridad debe venir de Dios, no de las circunstancias o incluso de las relaciones. Nuestro sentido de la realidad necesita ser arraigado en Cristo. Cuando es así, las otras áreas de nuestra vida experimentan la seguridad eterna.

Nuestros temores corren profundamente y son numerosos. De hecho, la mayoría de nosotros pasa por la vida atado umbilicalmente a la protección familiar. La experiencia nos dice que demasiadas personas buenas simplemente permanecen en las Iglesias inanimadas porque desean la seguridad de las caras familiares, más que la verdad de Cristo. Incluso las personas que han sido salvas de situaciones adversas, regresan a menudo arrastradas por las penas. ¿Por qué? Porque están familiarizados con la adversidad.

Considere que ciertos prisioneros repiten sus faltas simplemente porque están más acostumbrados a la vida de la prisión que a la libertad. ¿No es tristemente cierto que a menudo las muchachas jóvenes que fueron abusadas por sus padres, buscan casarse con hombres que en el futuro abusarán de ellas como lo hicieron sus padres? Tentando a ciegas a través de la vida, buscaron lo familiar. Es significativo que en todo el mundo, la mayoría de las personas vive dentro de un radio de cincuenta millas de sus lugares de nacimiento.


Los humanos se atan a los hábitos, aislados contra los cambios hacia lo familiar. Cuando trabajamos todo el día, sólo para llegar a casa, ver televisión y derrumbarnos en la cama, nuestro estilo de vida se vuelve una cadena de esclavitud. Estas cosas no necesariamente pueden entramparnos en el pecado, pero nos mantienen alejados de Dios.


Caminando fuera de lo familiar


Moisés dejaría lo familiar y establecería su tienda "fuera del campamento", donde buscaría al Señor.

"Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir" (Hebreos 13:12-14)

Del mismo modo que Moisés y los que buscaron al Señor salieron del campamento y así como Jesús salió del campamento, también nosotros, a veces, debemos dejar el campamento de lo que parece normal y predecible, para empezar a buscar de Dios. Aquí no tenemos una ciudad eterna, pero estamos buscando la ciudad que ha de venir.

Esta es una razón por la cual Jesús dijo, "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público"(Mateo 6:6). Cristo desea que dejemos lo familiar, las distracciones del mundo y de nuestros sentidos para habitar en el mundo de nuestros corazones, teniendo presente que la meta superior de la oración es hallar a Dios.

Cada minuto que buscamos a Dios es un minuto enriquecido con Su nueva vida y poder. Déle una cantidad mínima de tiempo--una hora o dos cada día--pero no ponga un límite, cuando el Señor puede guiarlo a buscarlo toda la noche. Y continúe día a día y semana tras semana, hasta que se haya acercado tanto a Dios que pueda oír Su voz, con la seguridad que Él está lo suficientemente cerca para oír sus palabras.

Si vamos a ser santos, debemos romper las cadenas y los impedimentos, la esclavitud de desear simplemente una vida a medias. Escoger dejar el campamento de la familiaridad y poner nuestra tienda en la presencia de Dios es nuestra decisión.

Francis Frangipane